Adria Arjona y yo nos sentamos a hablar de sueños. Porque, siendo muy honesta, uno no siempre puede darse ese gusto. Pero con ella me pareció apropiado. Arjona nació en Puerto Rico, de madre boricua y padre guatemalteco. Creció viendo a su papá, el famoso cantante Ricardo Arjona, forjar y cumplir sus propios sueños. Hay quienes lo podrían simplificar a un “lo traía en la sangre ”. Y de cierta manera sí, Adria Arjona lo lleva en la sangre. Pero su carrera ha sido propulsada por algo más: creer en ella misma y el hasta dónde puede llegar.
Aprendió a adaptarse a una industria que apenas abría camino a los latinos. Su historia muchos la saben; el cómo desde muy pequeña acompañó a su padre –un creciente músico que conquistó América Latina– en carretera, a través de sus giras. “Pienso que ver a alguien alcanzar sus sueños a través de mucho trabajo duro, de mucho sacrificio, me inspiró y de alguna manera me permitió creer que yo también podía hacerlo. Pero también me dio mucho más miedo, porque vi las consecuencias de la fama y cuánto trabajo hay que invertir en una carrera”, me dice a través de una llamada de Zoom.
La Adria Arjona que se presenta esta mañana por videollamada resume mucho de lo que será nuestra conversación: perspicaz, soñadora y viviendo lo que parece ser su mejor momento. Comenzamos hablando de sus orígenes y terminamos vocalizando sus anhelos. “Nunca imaginé, ni en mis sueños más descabellados, que llegaría a estar donde estoy hoy. Amo esta profesión y creo que haber crecido de gira, en un autobús, viviendo todo lo que viví, hacía imposible que terminara en una oficina o como doctora. Nada en mi infancia me iba a llevar por ese camino. Esto puede sonar extraño, pero lo sentía en el estómago. Sabía que iba a estar bien y sabía que, si tenía un plan B, no iba a estar bien. Tenía que correr ese riesgo, lanzarme al vacío, fracasar muchas veces, aprender de mis errores y aquí estoy”, agrega. Y vaya que así es. En los últimos años, Arjona no ha parado. Ha estrenado casi dos proyectos por año. El año pasado estrenó Amores compartidos donde compartió créditos con Dakota Johnson y la temporada final de Andor con Diego Luna. Este 22 de octubre la veremos en Onslaught, un thriller de terror y acción.
Para su rol de Celeste en Onslaught, Adria tuvo una preparación diferente al resto de sus papeles. Después de todo, ella misma ha confesado que el “saltar” de géneros la mantiene entretenida. “Fue muy divertido. Venía de una comedia y, antes de eso, directamente de Andor, que es muy intelectual. Poder interpretar a un personaje mucho más físico e intuitivo fue liberador y divertido”. Me pregunto si ese sentir liberador deviene del momento que vive. Plena. Segura. Latina. Ella me lo confirma más adelante, no sin antes revelar sus sueños y su intención en Hollywood. Hoy, converso con una Adria dispuesta a decirlo: su momento es ahora.
Adria, ¿qué es lo que más atesoras de tu infancia?
Dios mío, creo que la libertad. Mis dos padres son creativos y nos inspiraron a ser salvajes y libres. Amo eso y lo extraño profundamente. Ahora mi infancia se parece –de una forma extraña– a mi vida adulta, porque siempre estoy viajando. No hay una sola casa en la que viva. No tengo mucho apego a los lugares o a las casas; tengo apego a las personas. Lo que más agradezco es haber podido ver tanto del mundo. De ahí es de donde saco inspiración ahora: de los personajes que conocí y de la capacidad de adaptarme. De niña no tenía opción; simplemente tenía que adaptarte al entorno mientras crecía y me mudaba. Ahora hago lo mismo con cada película. Tengo que adaptarme a personas nuevas, distintas maneras de trabajar, opiniones e ideas diferentes.
Viste a tu papá alcanzar el éxito... ¿Qué significaba el éxito para ti cuando eras niña y qué significa ahora?
Creo que tener éxito es hacer lo que amas y tener la posibilidad de hacerlo. Agradezco mis bendiciones y no me tomo eso a la ligera. Ya me siento exitosa porque soy una actriz que trabaja. Para mí, el éxito ahora es el respeto de mis colegas. Me encanta poder admirarlos y que ellos puedan admirar un trabajo que yo hice. Entonces pienso: “Carajo, lo logré. Qué increíble”. No se trata de cuántos seguidores tengo en Instagram, cuántos me gusta recibo o cuántas ofertas de trabajo llegan. Creo que es el respeto de tu propia comunidad. Eso es el éxito para mí.
¿Piensas más en el pasado, en el presente o en el futuro?
Me concentro en el presente. Intento estar tan presente como puedo, y es difícil porque todos tenemos miedos. Creo mucho en aprender del pasado. Pienso que tu pasado te define. No le tengo miedo ni lo rechazo. Desde luego, no soy perfecta. Intento mantenerme tan presente y tan fiel a quien soy hoy, en este momento, como sea posible, sin pensar demasiado en las consecuencias. Pero, aun así, siempre estoy tres pasos adelante. Estoy muy presente, pero también tres pasos adelante. Simplemente me gusta ver las cosas antes de que lleguen a mí. Soy la persona menos estratégica que vas a conocer. No tengo ese cerebro que dice: “Si hago esto, entonces conseguiré aquello”. Simplemente no soy estratégica”.
Trabajas en muchas películas y proyectos cada año, como actriz y como productora. ¿Cómo encaja eso con el hecho de que no te consideras una persona estratégica?
Es genuinamente lo que me gusta hacer. La gente dice: “Tienes esto y después vas a tener aquello”, y yo respondo: “No lo planeé”. Tengo un equipo que se ocupa de algunas de esas cosas por mí, pero ni siquiera creo que ellos lo hayan planeado así.
Con Onslaught, por ejemplo, acababa de hacer una comedia y pensé: “Dios mío, quiero hacer algo muy rudo y que sea increíble”. Quería cambiar la energía de lo que acababa de hacer. Así fue como decidí hacer Onslaught. Leo un guion y pienso: “Quiero hacerlo”. A veces leo uno y me parece increíble, pero no me está llamando. No siento esa atracción. Puede ser magnífico, pero eso solo significa que probablemente es para otra persona y no para mí, y no pasa nada.
¿En qué se diferencian tus familias puertorriqueña y guatemalteca, y cómo ha influido esa diversidad en ti como actriz?
En América Latina todos somos muy diferentes, y creo que eso me ha ayudado a interpretar a tantas mujeres distintas. Incluso cuando un papel es en inglés, tengo muchísimo de dónde nutrirme porque no hay una sola mujer en mi familia que sea igual a otra. En Estados Unidos suele existir esta idea de que una latina es temperamental, sexy y que puede definirse con un par de adjetivos. ¡Pero no podría describir así ni a una sola mujer de mi familia! Hay muchísima diversidad. Todo eso me ha permitido interpretar a muchas clases de mujeres.
Hablemos de Onslaught. También eres productora de la película. ¿Qué te atrajo del proyecto y cómo fue el proceso?
Soy una gran admiradora de Adam Wingard desde que vi The Guest. Me mandó el guion, lo leí y me reuní con él. Siempre cuenta esta historia porque manejo una Ford F-150 de los años setenta. Llegué en esa camioneta a un restaurante muy elegante de Los Ángeles. Me miró y pensó: “Dios mío, eres totalmente Celeste”. Tal vez había visto mi Instagram y dudaba si yo era la indicada, pero después llegué en la camioneta pensó: “Sí, eres ella”. Nos sentamos y tuvimos una conversación increíble. Me presentó la película casi como una cinta de John Carpenter de los años ochenta. Me atrajo el riesgo que estaba tomando al hacer algo tan personal. Llevaba mucho tiempo soñando con esta película. Él había estado trabajando en las grandes producciones de King Kong y quería hacer algo para sí mismo, volver a donde estaba con The Guest. Me cautivaron su energía y su pasión por el proyecto.
Llevas años hablando de producir. ¿Por qué siempre fue importante para ti y en qué punto estás ahora en esa faceta de tu carrera?
Producir es muy importante para los actores. Mi primera película como productora fue Los Frikis. Los directores [Tyler Nilson y Michael Schwartz] me dieron ese rol porque vieron que estaba haciendo mucho trabajo. Me tomaron bajo su ala y me enseñaron a producir. Desde entonces he querido ser productora de todo lo que hago.
La mayoría de las veces, los directores me han ofrecido ese rol, lo cual es increíble porque normalmente los actores tienen que rogar por él y muchas veces ni siquiera es una función real de producción. Yo he tenido la suerte de que los directores me lo den. Cada actor es diferente, pero a mí me gusta aportar más que mi trabajo como actriz. Quiero poder trabajar en la película, modificarla y ayudar a que sea lo mejor posible de la manera más colaborativa. Al final del día, quiero sentarme a la mesa. Quiero formar parte de la película que estoy haciendo.
¿Te sientes ahora más segura al decidir cómo debe representarse a una latina en una gran producción?
¡No, no, no no! Por supuesto que no siempre tuve esa seguridad. Antes no había forma de que abriera la boca. Me sentía muy afortunada de estar en esas salas, y también me hacían sentir que debía considerarme muy afortunada por estar ahí.
Ahora existe un sentido de pertenencia porque la industria nos está recibiendo un poco más y somos muchísimas, lo cual es increíble. También somos diferentes. Somos mujeres, que también somos latinoamericanas. Eso es todo. Somos increíblemente distintas, y eso lo celebro. Me ha tomado años y mucho trabajo defenderme y aprender cuándo hablar y cuándo no. Ser productora me ha ayudado porque ahora entiendo el panorama completo. Tyler Nilson y Michael Schwartz cambiaron mi vida cuando me dieron ese primer crédito como productora. Me hicieron sentir completamente parte de esa película y creo que eso se trasladó a otros proyectos.
También vemos a esta generación de latinos en Hollywood orgullosos de sus raíces, de su idioma, listos para mostrarlo al mundo... ¿Qué le depara el futuro a esta generación?
Nos estamos apoderando de todo. Somos demasiados. Ya no nos pueden hacer a un lado. Espero que tomemos nuestro lugar y exijamos que nuestras historias se cuenten de la manera correcta. Estoy cansada de ver ciertos ciclos de historias sobre nuestra gente, nuestro pasado e incluso nuestro presente. Hay muchísimas historias latinoamericanas hermosas que todavía no se han contado. Es importante contarlas y hay muchísimas personas a través de las cuales pueden narrarse. Ahora es nuestra responsabilidad mostrar realmente quiénes somos como comunidad.
A lo largo de tu carrera has pasado por muchos géneros. ¿Siempre fue una decisión intencional?
Creo que la gente supone que soy algo que no soy. Nunca encajé en el molde en el que intentaban ponerme: “de la bonita badass”. Pensaba: “¿Cómo puedo jugar en mundos diferentes y divertirme?”. Estudié actuación durante muchísimo tiempo. ¿Para qué? ¿Para hacer siempre lo mismo? Qué aburrido.
Curiosamente, eso me hizo menos reconocible. Estaba un poco de incógnito porque hacía proyectos pequeños y muy distintos aquí y allá, lo cual fue divertido y maravilloso. También significó que la gente no lograba definirme, así que a la industria le resultaba más difícil encasillarme. Decían: “Espera, ¿puedes hacer esto, aquello y también lo otro?”. Y yo respondía: “Sí. Y cualquier otra latina también puede hacerlo, por cierto”.
No soy solo yo. No soy más especial ni más talentosa. Simplemente es la forma en que se ha desarrollado mi carrera, pero todas podemos hacer esto. Terminé interpretando a muchos personajes distintos, sobre todo para mantenerme entretenida.
¿Qué momento está viviendo Adria Arjona ahora?
Estoy viviendo mi sueño. Soy actriz, así que dudo de mí misma cada cinco segundos; pero estoy en un lugar en el que lo que viene y aquello hacia lo que me dirijo es muy emocionante y también da miedo. Gracias a eso, están llegando a mi mesa cosas con las que antes solo podía soñar. Acabo de ver The Thomas Crown Affair [cinta que estrenará el próximo año] y pensé: “Carajo, no puedo creer que estoy en esto”. Después pienso en todo lo que viene y tengo que pellizcarme. Estoy muy orgullosa de Onslaught, me emociona que la gente la vea.
Después de todos estos años en la industria, ¿tus sueños siguen siendo los mismos que antes?
No, no creo que sean los mismos. Ni siquiera habría podido soñar con estar donde estoy ahora. Lo que sí es que mis sueños están evolucionando constantemente y también se están moviendo fuera de la actuación, hacia otras áreas. No todo tiene que ver con mi carrera. Soy actriz, pero también soy una persona, y esa parte de mi vida tiene muchísimos sueños y deseos hermosos. Como actriz todavía tengo mucho por lograr. Hay muchos personajes, directores y escritores con los que quiero trabajar.
Soy una gran soñadora, así que creo que seguiré soñando hasta los cien años, si tengo la suerte de llegar a esa edad. Siempre querré hacer algo. Siempre aspiraré a algo. No me puedo quedar quieta. Me gusta crear cosas, hacer cosas, estar al aire libre y mantenerme en movimiento.
Soñar siempre es divertido. Sueño mucho despierta. Me encantan los viajes en coche y las carreteras porque puedo escuchar la misma canción mil veces y me voy a otro lugar. Sueño y hago pequeñas películas en mi cabeza. Tengo una imaginación enorme. A veces me gusta escapar ahí y no estar presente al cien por ciento. Normalmente lo hago en el coche. Es una de mis cosas favoritas: escuchar música y soñar.
En este reportaje: peinado, Irinel de Leon; maquillaje, Emily Cheng; manicura, Emi Kudo; asistentes de foto, Ramon Felix e Israel Sandoval; asistentes de moda, Marlene Zepeda y Oscar Barragán; digitalización, Meredith Munn; diseño de set, Julie Faravel; producción, Alicia Zumback y Kyd Drake/Camp Productions; asistentes de producción, Ry Watts y Robby Fiore; director de entretenimiento, Sergio Kletnoy; talento, Adria Arjona.













